viernes, 26 de marzo de 2021

AURORA, LA PRINCESA QUE NO CONOCIA LA LUNA

 


Aurora era una princesita muy querida en el reino, era bondadosa, dulce y bella. Sus padres vivían en un hermoso castillo y la consentían en todo lo que deseaba, excepto en algo que la pequeña anhelaba con todas sus fuerzas: conocer la luna. 

 Por mucho que los reyes deseaban cumplir el sueño de la princesa, temían que nunca podrían hacerlo. Una bruja malvada que vivía en aquel reino la había hechizado cuando aún era una bebé. El hechizo hacía que la princesita cayera rendida de sueño al caer la tarde, y no había quien la mantuviese despierta hasta el anochecer. Con este hechizo la bruja pretendía que la joven no pudiera asistir a bailes, fiestas y conocer a algún príncipe. Sin más herederos en el reino, la corona sería suya algún día. 

 Las costumbres del castillo se fueron adaptando para que la princesa pudiese llevar una vida lo más normal posible. La cena se preparaba antes de las cinco de la tarde, lo que siempre traía corriendo a los cocineros. Los bailes se hacían en la mañana, algo que era bastante inusual y molesto para el reino. 

 A pesar de esto los reyes seguían intentándolo todo para que su hija conociera la luna, que tanto la apasionaba. Cambiaban la hora de los relojes en todo el palacio, cerraban los cortinados antes del anochecer, intentaban despertarla, pero nada funcionaba. La princesa Aurora se quedaba dormida donde quiera que estuviese, apenas el sol comenzaba a caer. 

 Aurora fue creciendo hasta convertirse en una hermosa jovencita. Cada cumpleaños pedía el mismo deseo, esperando que algún día el hechizo se rompiese. 

 Cuando cumplió los dieciocho años sus padres hicieron una gran celebración, a la que invitaron a príncipes y princesas de todos los reinos vecinos. Allí Aurora conoció al príncipe Bash, un apuesto caballero de armadura brillante. El amor surgió como una chispa entre los dos y el príncipe que conocía el padecimiento de la joven, se apresuró en decirle lo bella que le parecía y lo mucho que deseaba volverla a ver, antes que la noche se la arrebatara de sus brazos. 

 Aurora y Bash se comprometieron y eran felices, compartían todo el tiempo que la luz del sol les daba para estar juntos. Pero el príncipe veía cómo la tristeza de Aurora empañaba aquella felicidad, así que decidió darle a su amada lo que tanto deseaba. 

 No se sabe cómo fue que lo consiguió, pero un día se marchó y regresó pasada una semana con un saco, cuyo interior relucía intensamente. Le había traído la luna a la princesa Aurora, solo por una noche, ya que después tendría que regresarla al cielo. 

 .La princesa fue tan feliz aquel día que no quedó ni un poquito de tristeza en su corazón, logrando así que el hechizo se rompiera. Y vivieron felices por siempre.

                    

EL BIZCOCHO DE LA ABUELA

 


Esther era la abuela que todo niño desearía tener. Tenía el pelo blanco recogido en un gran moño y una cara de ángel que reflejaba su carácter bondadoso. Sus nietos pequeños disfrutaban de cada visita que ella hacía en las fiestas navideñas, cuando la casa se llenaba de aromas y platos deliciosos. 

 Y es que Esther era muy buena cocinera, ¡la mejor! Había aprendido de su abuela y no había platillo que se le resistiera. Disfrutaba sobre todo haciendo pasteles y tortas para sus nietecitos, que la miraban con fascinación mientras ella cocinaba y les explicaba sus recetas. 

 Un año la abuela llegó emocionada pensando hacer un bizcocho de chocolate para sus nietos, pero pronto se dio cuenta de que estos mostraban poco interés en ayudarla. – 

“Abuela preferimos salir a jugar”,- dijo el nieto. “Sí, mis amigas me están esperando para que les enseñe mi muñeca nueva”, – replicó la pequeña. 

 La abuela se sintió triste de que sus nietos no quisieran ayudarla, pero se propuso hacer el mejor bizcocho que podía para sorprenderlos. Así fue como ideó una receta especial y se puso manos a la obra. Comenzó a mezclar todos los ingredientes: azúcar, huevos, harina, aceite, yogur, levadura, ralladura de limón, trocitos de nueces, chocolate y el ingrediente secreto, una dosis de mucho amor. 

 Luego de un par de horas el bizcocho comenzó a oler y los nietos que se encontraban en el salón, se acercaron expectantes ante aquel dulce que olía tan bien. Estaban inquietos frente a la puerta cuando vieron salir un impresionante bizcocho navideño. 

 Era un bizcocho inmenso, revestido de una capa verde de azúcar con la forma de un árbol de navidad. Encima habían colocados todo tipo dulces que decoraban el árbol como si fuesen adornos navideños. En el centro había un letrero de chocolate negro que decía: – “Para mis amados nietos por Navidad”. 

 Los nietos se sintieron muy apenados de no haber ayudado a su abuela y corrieron a darle un fuerte abrazo. En lo adelante cada año la ayudarían a realizar un bizcocho como este, que fue declarado ese año como el postre de la Navidad.